
Hace unos días veíamos atónitos, un vídeo colgado en You Tube: "Yoani Sánchez, súmale otro premio a la mentira" donde la encantadora pionerita, Marisleydis Alvarez Bravo, contaba el horror que había vivido durante un encuentro blogguero con Yoani Sánchez. La niña todavía no recuperada del shock, al final del vídeo se le quiebra la voz y rompe a llorar desconsolada porque le habían hablado mal de la Revolución. Hay otra versión editada del vídeo donde han cortado esa última escena, seguramente porque en un arranque de sentido común, hasta los propios autores de la entrevista la encontraron excesiva Yo me he estrujado las neuronas tratando de imaginar a una niña española de 12 años llorando porque alguien le hable mal de Zapatero, una niña francesa llorar porque alguien le diga que Carla Bruni desafina y canta fatal o a una niñita italiana hacer pucheros, porque se dice que Berlusconi, además de un mafioso, es una depravado putero. Me preguntaba cuántos niños norteamericanos perdieron el apetito y se rasgaron las vestiduras con el caso Watergate o por el escándalo de Mónica Lewinsky. No he podido conseguirlo, en mi mente no cabe tal ridiculez, tanta artificialidad y macabra manipulación de un menor.
En Cuba desde la más tierna infancia se le inculca a los menores que, el opinar diferente a los medios oficiales de información no es simplemente opinar diferente o disentir, sino algo así, como blasfemar contra Dios y eso es un pecado atroz. Se utilizan los mismo sutiles y perversos mecanismos de difusión ideológica que utilizan los fundamentalistas religiosos y los resultados a la vista están.
Para aumentar mi malestar, leo más o menos por las mismas fechas, en un artículo del Nuevo Herald, que el ilustrísimo Sr. Rafael Hernández, profesor de la Universidad de la Habana y director de la revista "Temas", había sido invitado por: "la Universidad de Texas en Austin, en momentos en que el gobierno del presidente Barack Obama permite una mayor cantidad de intercambios culturales y académicos" -dice el artículo- y lógicamente, el Sr. Hernández, raudo y veloz, corrió a hacer las maletas ante la posibilidad de abastecer de "pacotilla" a la familia. Pues bien, el susodicho profesor, en una conferencia en la Universidad Internacional de la Florida titulada "¿Catarsis o debate? Pensamiento crítico en la esfera pública de la Cuba de hoy" al preguntarle alguien por el blog de Yoani Sánchez, dijo que era "ciberchancleteo". La verdad es que el término podría resultar hasta gracioso -mis amigos saben que yo misma a la red le llamo el "cibersolar"- sino fuera por la soberbia del Sr. Hernández, la profunda carga despectiva de su frase y hasta la pose clasista que dejó entrever, inesperada y desafortunada para un "buen comunista y revolucionario cubano", ya que se supone nuestra Revolución se hizo con todos y para el bien de todos, incluso de los chancleteros.....¿o no?
Las respuestas no se han hecho esperar, yo les dejo un enlace a la más significativa, la de la principal aludida, Yoani Sánchez -aunque somos muchos más, los que a mucha honra, nos hemos sentido aludidos.
Son muchas las cosas que se le podrían recordar a este ilustre intelectual, pero la verdad es que me da pereza, porque como me enseñaron de chiquitica: "a palabras necias, oídos sordos", dejaré que sea la mismísima "María la O" -ese personaje emblemático de nuestra cultura, nacida en el 1930, fruto del talento de Gustavo Sánchez Galarraga y el nunca bien ponderado maestro Ernesto Lecuona- y que desde aquel entonces ha venido revindicando la chancleta con la cadencia y la sabrosura de aquellos versos que dicen:
"Chancletera nací,
y mi alegre chancleta al sonar
va anunciando que...." ¡YA!
¡ME CANSE DE CALLAR!







